Déjame mirarte
hasta que se me derritan las pupilas.
Déjame tenerte tan cerca
que se me pegue tu olor.
Déjame que te borre los labios.
Deja que me mate
en la curva de tus comisuras.
Déjame caer por el precipicio de tus pestañas,
hasta la luz de tus ojos.
Déjame irme,
pero déjame volver.
Déjame adaptar mis dientes a tus medidas,
a cada una de ellas.
Deja que te busqué.
Búscame, pero si algún día
no me encuentras,
deja que el tiempo cumpla su parte.
Déjame curarte
aunque (no) sea yo
la que causa tus heridas.
Se voló la llama que iluminaba mi mirada Un frío día de verano Lluvia y tempestad En la noche el sol no seca los charcos Las goteras provocan daños irreparables El frío asola mi nariz Vuelve a invadirme la hostilidad.
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