Déjame mirarte
hasta que se me derritan las pupilas.
Déjame tenerte tan cerca
que se me pegue tu olor.
Déjame que te borre los labios.
Deja que me mate
en la curva de tus comisuras.
Déjame caer por el precipicio de tus pestañas,
hasta la luz de tus ojos.
Déjame irme,
pero déjame volver.
Déjame adaptar mis dientes a tus medidas,
a cada una de ellas.
Deja que te busqué.
Búscame, pero si algún día
no me encuentras,
deja que el tiempo cumpla su parte.
Déjame curarte
aunque (no) sea yo
la que causa tus heridas.
Antes eras tempestad Ahora eres calma Tus ojos siguen iluminados Pero ya no reflejan mi luz Tus mejillas reclaman Lo que tus labios ansiaban Tus manos crean puentes intermitentes Después de que ardieran los que dejaste atrás
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